Sor Alize, religiosa en Bilbao: libertad interior y coherencia de vida
«La verdadera libertad nace de vivir con coherencia lo que se cree, incluso cuando ese camino es sencillo, austero y silencioso.»
En el colegio Karitate Alabak de Begoña, en Bilbao, Sor Alize recibe con serenidad y una actitud abierta que transmite escucha y reflexión. Su forma de hablar, pausada y firme, refleja una vida construida desde criterios evangélicos que atraviesan todas sus decisiones cotidianas.
Para ella, la vida religiosa no es una imposición ni una renuncia forzada, sino una opción consciente. Vivir desde la fe implica organizar el tiempo, las relaciones y el consumo de una manera coherente con el Evangelio. La fe, subraya, es un camino que se elige libremente y que también puede abandonarse, porque no nace de la obligación sino de la convicción personal.
El origen de su vocación en la adolescencia
Sor Alize sitúa el inicio de su vocación en un momento concreto de su juventud. Con solo 16 años, durante un paseo por la playa de Gros en Donostia, experimentó una certeza interior que marcó su vida. Aquel día gris y lluvioso, con la estatua del Sagrado Corazón visible desde el monte Urgull, sintió que su camino estaba claro.
Describe esa experiencia como una iluminación profunda, una sensación que permanece viva en su memoria y que la llevó a decidir dedicar su vida a Dios. No fue un acontecimiento extraordinario desde fuera, sino una vivencia interior que dio sentido a todo.
Infancia en Donostia y recuerdos marcados por el contexto social
Su niñez transcurrió en la calle Ramón y Cajal, muy cerca de la playa, en un entorno de juegos compartidos con hermanos y vecinos. Aquellos años estuvieron llenos de vida comunitaria, pero también atravesados por el miedo provocado por el terrorismo, una realidad que dejó huella en toda una generación.
Aunque no se considera nostálgica, recuerda con claridad aquella etapa, marcada por la libertad de la infancia y por un contexto social complejo que condicionaba el día a día.
De la formación sanitaria a la vida religiosa
Antes de llegar a Bilbao, Sor Alize inició estudios de enfermería, que posteriormente dejó para trasladarse a Oñati. Allí comenzó su formación religiosa y dedicó varios años al cuidado de personas mayores en una residencia, además de pasar una etapa en Hernani.
Finalmente, su camino la condujo a Bilbao, una ciudad que define por su fuerte identidad vinculada a la Virgen de Begoña y al Athletic. Destaca especialmente la cercanía y la sinceridad de su gente, valores con los que se siente profundamente identificada.
Una rutina sencilla como forma de libertad
La vida diaria en la congregación está marcada por horarios claros y una disciplina asumida con naturalidad. El día comienza temprano, con momentos de oración, enseñanza, lectura y meditación. Para Sor Alize, esta estructura no limita, sino que libera.
Su estilo de vida es austero y consciente. No siente atracción por los lujos, la cosmética ni las redes sociales. Los pequeños gestos compartidos, como un café o unos churros con otra hermana, son suficientes para encontrar alegría. En esa sencillez descubre una forma auténtica de bienestar.
La libertad, explica, no depende de lo externo, sino de vivir en coherencia con las propias creencias. La austeridad ayuda a mirar hacia dentro, a escuchar y a no dejarse arrastrar por lo superficial.
Mirada atenta a la juventud actual
Desde su experiencia educativa, Sor Alize observa la fragilidad de muchos jóvenes ante la sobreinformación, los conflictos globales y la crisis climática. Reconoce las dificultades, pero rechaza una visión derrotista.
Para ella, la fe no es un refugio ingenuo, sino una fuente de esperanza. Considera fundamental respetar la autonomía personal y los distintos caminos vitales, acompañando sin imponer. A veces, afirma, basta con recordar a los jóvenes que no todo está perdido y que pueden seguir adelante.
Destaca su sensibilidad y curiosidad, y la importancia de ofrecerles presencia y apoyo sin invadir su espacio personal.
Fe, libertad y sociedad actual
Al final del encuentro, Sor Alize vuelve a una idea central: la coherencia entre lo que se cree y cómo se vive. Define su forma de vida como una ofrenda de libertad, una libertad que, aunque regulada, se vive de manera plena.
Recuerda cómo durante décadas la religión fue objeto de burla o ataque, especialmente a partir de los años 80. Hoy percibe un mayor respeto y una sociedad más abierta, donde creer o no creer es una decisión personal.
En su reflexión final, apunta que la tecnología y la superficialidad han provocado una cierta necesidad de volver a lo esencial, a aquello que da sentido y profundidad a la vida.
Mientras los pasillos del colegio permanecen en silencio, Sor Alize continúa su rutina diaria entre clases y momentos de oración, dejando la impresión de una vida distinta, sostenida por la sencillez, la fe y una libertad interior profundamente vivida.