Un día para renovar y compartir el “Sí” de las Hijas de la Caridad
“Un sí vivido en silencio, pero capaz de unir corazones y dar sentido a una misión compartida.”
Un ambiente distinto desde el inicio
La Eucaristía, centro de la jornada
Un “Sí” vivido desde el silencio
Durante la celebración se vivió un momento especialmente significativo, marcado por el silencio y el recogimiento. Las Hijas de la Caridad expresaron su entrega abriendo su corazón y su vida a Dios. Fue un gesto sencillo, pero profundamente emotivo, que conmovió a todos los presentes y se vivió como una experiencia de familia.
Las ofrendas como signo de vida
En el ofertorio se presentaron el pan y el vino, junto a unos ovillos de lana. Estos simbolizaban el “Sí” cotidiano: un hilo sencillo que, en manos de Dios, puede tejer, reparar heridas y dar calor a quienes más lo necesitan.
Un gesto de gratitud y cariño
Compartir la mesa y la vida
Un “Sí” que se hace camino compartido
La jornada fue significativa no solo para las Hijas de la Caridad, sino para toda la familia de la Residencia Calzada. Su “Sí” se convirtió también en el de todos, marcando el camino y haciendo partícipes a trabajadores y residentes de los valores y del carisma vicenciano.
Un día vivido desde la fe, la cercanía y la misión compartida, que deja huella y refuerza el compromiso de seguir dando vida al legado de San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac.










