Un día para renovar y compartir el “Sí” de las Hijas de la Caridad

“Un  vivido en silencio, pero capaz de unir corazones y dar sentido a una misión compartida.”

día de la encarnación

Un ambiente distinto desde el inicio

Desde la llegada a la residencia se percibía que no era un día habitual. La presencia de los residentes y el ambiente en los comedores dejaban entrever que algo especial iba a suceder. Se respiraba alegría, cercanía y un sentimiento compartido de comunidad.

La Eucaristía, centro de la jornada

Tras el desayuno, tuvo lugar el momento principal del día: la celebración de la Eucaristía, presidida por el Padre Paul Jakub Kasprzyk. Supo generar un clima de recogimiento y profundidad que ayudó a todos los presentes a vivir intensamente la celebración. La homilía giró en torno al “Sí” de María, invitando a las Hijas de la Caridad y a todos los asistentes a confiar, a ponerse en manos de Dios y a responder a la llamada de construir el Reino del Amor desde la entrega y el servicio a los más necesitados.

Un “Sí” vivido desde el silencio

Durante la celebración se vivió un momento especialmente significativo, marcado por el silencio y el recogimiento. Las Hijas de la Caridad expresaron su entrega abriendo su corazón y su vida a Dios. Fue un gesto sencillo, pero profundamente emotivo, que conmovió a todos los presentes y se vivió como una experiencia de familia.

Las ofrendas como signo de vida

En el ofertorio se presentaron el pan y el vino, junto a unos ovillos de lana. Estos simbolizaban el “Sí” cotidiano: un hilo sencillo que, en manos de Dios, puede tejer, reparar heridas y dar calor a quienes más lo necesitan.

Un gesto de gratitud y cariño

Después de la comunión, los residentes ofrecieron una flor a cada Hija de la Caridad. Este gesto, acompañado de abrazos, expresó el agradecimiento, el cariño y el reconocimiento hacia su labor y su entrega. Fue un momento especialmente emotivo para todos.

Compartir la mesa y la vida

Tras la Eucaristía, la jornada continuó en uno de los comedores con un encuentro festivo en el que las Hijas de la Caridad ofrecieron un lunch a las personas trabajadoras de la residencia. El ambiente fue cercano, alegre y distendido. Más tarde, un grupo de trabajadores -dirección, enfermería, coordinación y administración- compartió con la comunidad un ágape fraterno. Este encuentro permitió seguir fortaleciendo los lazos, compartir experiencias, ilusiones y el sentido de la misión común.

Un “Sí” que se hace camino compartido

La jornada fue significativa no solo para las Hijas de la Caridad, sino para toda la familia de la Residencia Calzada. Su “Sí” se convirtió también en el de todos, marcando el camino y haciendo partícipes a trabajadores y residentes de los valores y del carisma vicenciano.

Un día vivido desde la fe, la cercanía y la misión compartida, que deja huella y refuerza el compromiso de seguir dando vida al legado de San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac.