Obra Social Berakah: una mano tendida en Vitoria

Un refugio que transforma vidas

Obra Social Berakah, impulsada por la Diócesis de Vitoria, late en el corazón del Casco Viejo como un espacio donde la ayuda se traduce en cercanía y acompañamiento. En una antigua sala del Centro de Acogida de Betania hoy se escuchan acentos de medio mundo. El padre Fidel, uno de los responsables de la obra, abre la puerta de un aula donde antes se impartía catequesis y ahora se enseñan idiomas. Los pupitres de madera y hierro conservan su historia, y una pizarra con palabras medio borradas recuerda que aprender también es empezar de nuevo. Por el pasillo resuenan risas de niños, voces de mayores y el rumor constante del centro: un lugar donde la vida se mezcla en mil tonos.

Una historia que empezó con una olla

Berakah nació en 2006, inspirada por el sacerdote José Ángel López de Lacalle y el compromiso de las parroquias de Santa María y San Vicente Mártir. Su nombre, que significa “bendición” en hebreo, refleja el espíritu que la impulsa: ser un lugar donde dar se convierte en una forma de vivir. “Yo empecé hace 18 años, cuando José Ángel vio que había gente que venía sin nada”, recuerda Miren, una de las primeras voluntarias. “Entonces cocinábamos cada dos días, hacíamos ollas grandes y dábamos comida. Luego vinieron los bancos de alimentos, los locales, los roperos… y mira, ahora esto es un mundo”.

Las manos que ordenan la esperanza

Entre abrigos, zapatos y gorros de lana, Loli organiza el ropero con precisión y ternura. Es un espacio donde la ropa donada encuentra nuevos dueños y la necesidad se transforma en oportunidad. “Repartimos con cabeza —explica—, siete prendas por persona y a los siete meses puede volver. Así todos tienen algo.” A veces llegan cosas inesperadas: juguetes, sartenes, zapatos nuevos. “Hay gente que no tiene ni una cazuela”, comenta mirando a sus compañeras. “Pero cuando se la das, te lo agradece como si fuera oro. Te das cuenta de que aquí nada sobra.”

De Perú y Colombia, con una maleta y un mundo encima

Celeste llegó desde Perú hace nueve meses, con su hijo adolescente y una maleta cargada más de esperanza que de ropa. Vive en el Hogar Belén, uno de los pisos del programa 13 Casas, que ofrece alojamiento a familias sin recursos. “Dejé todo, trabajo, casa… Aquí estoy estudiando, haciendo cursos, porque me piden certificados para todo. Es empezar de cero, pero tengo un techo, y eso ya es mucho.” A su lado, Gloria, colombiana, asiente. “Yo también llegué con una maleta y una chaqueta”, cuenta. Pasó por el mismo hogar y hoy vive en otro piso del programa junto a su hija. “Me dio un ictus hace poco, pero no me puedo quedar quieta. Estoy en costura, en voluntariado, en misa… donde haga falta. Aquí me siento viva.”

El programa 13 Casas acompaña a familias en situación de exclusión, ofreciendo vivienda digna en régimen de alquiler seguro. Berakah asume el contrato, garantiza el pago puntual —hasta 700 euros al mes durante al menos dos años— y responde ante los propietarios. Más que ofrecer un techo, genera confianza y rompe barreras de prejuicio en el mercado de vivienda.

Un milagro que necesita apoyo

Obra Social Berakah funciona únicamente gracias a donaciones y voluntariado. No recibe subvenciones públicas ni contrata personal, una decisión que forma parte de su identidad. El apoyo económico llega de la Fundación Vital, la Diócesis de Vitoria, donantes particulares y empresas locales. Gracias a ellos, siguen en marcha proyectos como 13 Casas, los hogares Ain Karem y Belén, el Centro de Eschuca o el Café Calor, donde cada tarde decenas de personas encuentran refugio y conversación. Próximamente, se abrirán siete apartamentos reformados encima de los bares Aldapa y Txistu, junto al Farolón, como parte del programa 13 Casas. Una nueva oportunidad para ofrecer hogar a quienes lo han perdido todo.

Un hogar en el que no se para

En el salón de actos, un grupo de mujeres cose el vestuario del Belén humano que preparan para Navidad. En la cafetería, el ambiente recuerda a una merienda familiar: mesas llenas, olor a café y chocolate, y una sinfonía de voces en español, árabe y francés. “Aquí hay ruido, sí, pero es el ruido bueno”, dice una voluntaria mientras sirve el café número doscientos del día. El ropero queda a un lado, y al fondo se apilan sillas, mantas, vajillas y cubiertos. “Se nos ha quedado pequeño, pero trabajamos con lo que tenemos”, dicen sonriendo. Más allá, en el aula de Lectune, las voluntarias preparan el inicio del curso. Este proyecto de animación a la lectura busca fomentar la educación, la igualdad de oportunidades y la inclusión social de la infancia más vulnerable. Lectune es solo una pieza del engranaje de Berakah, que también ofrece acogida, alimentos a través del Comedor Zugaz, formación en su “escuela de vida” y acompañamiento personalizado. Todo forma parte de una red que no solo ayuda: transforma.

Puertas Abiertas

En Berakah no se reparte solo comida o abrigo. Se reparte dignidad. Si necesitas ayuda, un techo, una comida caliente o simplemente ser escuchado, el Centro Betania (calle Las Escuelas 2, junto al parque del Gaztetxe) abre sus puertas de lunes a viernes, de 17:00 a 19:30 horas.

También puedes contactar por teléfono en el 945 980 001 o escribir al berakah@diocesisvitoria.org . Allí siempre hay una mano tendida. Porque donde hay una bendición, hay esperanza.