Guinea Ecuatorial vive un encuentro de fe y esperanza con el Papa León XIV

“No tengan miedo. Ustedes no son el futuro, son el ahora de Dios.”

Guinea Ecuatorial

Un acontecimiento histórico para todo un país

La visita apostólica del Santo Padre, Papa León XIV, a Guinea Ecuatorial, del 21 al 23 de abril de 2026, ha sido un momento profundamente significativo para todo el pueblo. Presente en Malabo, Mongomo y Bata, este encuentro se ha celebrado 44 años después de la última visita papal, en el marco del 170º aniversario de la evangelización del país, bajo el lema: «Cristo, luz de Guinea Ecuatorial, hacia un futuro de esperanza».

Jóvenes de Mokom: un camino de fe hacia Bata

El 21 de abril, la Capilla San Pedro de Mokom inició su viaje hacia Bata. Un grupo de 9 jóvenes, acompañados por la Hna. Sonia Chilave, HC, representó a su comunidad en este encuentro.

Tras su paso por Mikomeseng, donde se unieron a la delegación de la diócesis de Ebibeyín formada por 250 jóvenes, llegaron a Bata y se alojaron en el centro “La Salle”, compartiendo espacio con jóvenes de otras diócesis del país.

Esa misma tarde, el estadio de Nkoantoma acogió un encuentro preparatorio lleno de cantos, animación, concursos y momentos de oración y escucha de la Palabra de Dios. Jóvenes de distintos lugares de Guinea Ecuatorial vivieron una experiencia común que superaba fronteras y reforzaba el sentido de comunidad.

El Estadio de Bata: fe compartida incluso bajo la lluvia

El 22 de abril, tras una peregrinación de más de una hora, miles de personas se congregaron en el Estadio de Bata. Entre 30.000 y 50.000 asistentes llenaron el recinto en un ambiente de alegría y fe.

Incluso cuando la lluvia comenzó a caer con fuerza antes de la llegada del Santo Padre, nadie abandonó su lugar. La celebración continuó entre cantos y entusiasmo, reflejando una fe viva y compartida.

En ese contexto, el Papa León XIV dirigió un mensaje directo a los jóvenes:

“No tengan miedo. Ustedes no son el futuro, son el ahora de Dios. No se dejen robar la esperanza y caminen siempre hacia adelante”.

El 23 de abril, los jóvenes regresaron a Mokom con el deseo de compartir en su comunidad lo vivido y continuar la misión con renovada ilusión.

Mongomo: los niños protagonistas de la acogida

Paralelamente, en la ciudad de Mongomo, se organizó la acogida del Santo Padre con la participación activa de niños y jóvenes.

Una delegación de 60 niños y jóvenes, junto a algunos agentes, se desplazó el 20 de abril para formar parte de la comisión de los niños. Allí compartieron convivencia con participantes de otras parroquias, viviendo una experiencia comunitaria marcada por la diversidad y la fraternidad.

Durante los días previos, se prepararon distintos momentos de la acogida: ensayos de cantos y bailes, elaboración de un rosario con globos y la organización de las dinámicas para la llegada del Papa, incluyendo el saludo en el aeropuerto y la presentación de ofrendas.

Un gesto de fe: el rosario ofrecido al cielo

El 22 de abril por la mañana, en la basílica de Mongomo, tuvo lugar uno de los momentos más significativos. Los niños, acompañados por Sor Lilian, esperaban con el rosario de globos en las manos.

En un gesto simbólico, el rosario fue elevado al cielo como ofrenda por el país, en una oración por la paz en los corazones y en las familias, bajo la intercesión de la Inmaculada Concepción.

Posteriormente, el Papa bendijo la primera piedra de la Iglesia de la “Ciudad de la Paz” y presidió la celebración eucarística, en la que recordó:

“El futuro de la Iglesia depende de vuestras decisiones; se basa en vuestro sentido de la responsabilidad y en el compromiso compartido de preservar la vida y la dignidad de cada persona”.

Volver para compartir la esperanza

Tras la celebración, el Santo Padre continuó su viaje hacia Bata, mientras los participantes regresaban a Micomeseng con el deseo de compartir lo vivido.

La experiencia ha sido descrita como un verdadero “Monte Tabor”, un momento de encuentro profundo que impulsa a volver a la vida cotidiana con una misión clara: ser mensajeros de paz y esperanza.

Agradecimiento y misión compartida

Este encuentro ha sido vivido como un regalo, fruto del trabajo conjunto y la colaboración entre comunidades.

La participación en la acogida del Santo Padre ha permitido experimentar la fe desde la comunidad, la entrega y la alegría compartida.

“¿Cómo no dar gracias al Señor por la oportunidad de participar en este momento?”

Con el corazón lleno, la misión continúa ahora en cada comunidad, llevando adelante el mensaje recibido y construyendo, día a día, ese futuro de esperanza al que todos están llamados.