Vocaciones jóvenes en Gijón: el testimonio de sor Haizea y sor Jerónima
“En medio de una sociedad en cambio, la vocación religiosa sigue encontrando respuesta en corazones jóvenes dispuestos a servir.”
Un contexto de disminución vocacional
En buena parte del mundo occidental, la vida religiosa atraviesa un momento complejo marcado por la disminución de vocaciones. Sin embargo, en Gijón se dan realidades que rompen con esta tendencia general y ofrecen una mirada esperanzadora hacia el presente y el futuro de la vida consagrada.
Sor Jerónima: una vocación contemplativa llegada de Guatemala
Sor Jerónima, de 31 años, forma parte de la comunidad de madres Agustinas de Somió, una de las congregaciones contemplativas presentes en la ciudad. Su historia se enmarca en un fenómeno frecuente en Hispanoamérica, donde el descenso vocacional es menos acusado. Tres de las cinco religiosas de su comunidad proceden de Guatemala, y ella es la más joven.
Desde su infancia sintió el deseo de “ser de Dios”, una inquietud que fue tomando forma con el paso del tiempo. La paz experimentada en la iglesia terminó de confirmar su llamada. Hoy vive su vocación plenamente integrada en la vida de Gijón, donde se siente acogida y apoyada por la población.
Como forma de estrechar la relación con su entorno, la comunidad ha comenzado recientemente a elaborar y vender rosquillas y pastas, una iniciativa sencilla que refuerza los lazos con la ciudad.
Sor Haizea: servicio y cercanía desde las Hijas de la Caridad
Muy distinto es el camino recorrido por sor Haizea Allende, de 27 años, natural de Bilbao y miembro de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Forma parte del equipo de seis religiosas que desarrollan su misión en la Asociación Gijonesa de Caridad, vinculada a la Cocina Económica.
Inició su proceso formativo a los 24 años en Burgos, continuó en Madrid y posteriormente estuvo destinada durante dos años a un centro asistencial para personas con discapacidad en Mondoñedo. Hace apenas cuatro meses llegó a Asturias para continuar su misión.
En la Cocina Económica, su labor se centra en la acogida y el acompañamiento de las personas que acuden a comer, atendiendo sus necesidades básicas y ofreciendo apoyo en gestiones como visitas médicas, siempre en coordinación con el equipo social.