Espiritualidad y salud: encuentro formativo en Madrid

“El cuidado es esa cierta garantía que la vida nos da para ir de nuestra máxima vulnerabilidad a una sana autonomía.”

espiritualidad y salud

Un espacio de formación y encuentro en Madrid

Bajo el título “Espiritualidad y salud”, cerca de 100 personas se han reunido en Madrid durante varias jornadas de formación y convivencia. Hermanas y trabajadores de residencias y casas de Hermanas mayores de toda España han participado en esta cita anual, acompañados por Rosa Ruiz Aragoneses, del Centro de Humanización San Camilo.

Desde la tarde del lunes 7 de abril hasta el jueves 9, el ambiente ha estado marcado por el deseo de reencontrarse, compartir experiencias y poner en común la vida y la misión que cada uno desarrolla en sus respectivos centros.

Profundizar en el sentido del cuidado

Durante la formación, se ha insistido en la importancia de acompañar con sentido los últimos años de la vida. En este contexto, se ha subrayado la necesidad de ser apoyo en momentos de fragilidad, entendiendo el cuidado como un proceso que permite avanzar desde la vulnerabilidad hacia una autonomía que siempre necesita de los demás.

También se ha trabajado la relación entre cuerpo, alma y dimensión espiritual, así como la diferencia entre lo espiritual y lo religioso, destacando la importancia de cultivar la interioridad en la vida cotidiana.

Espiritualidad para dar sentido a la vida

Una de las ideas centrales compartidas durante las jornadas ha sido la necesidad de seguir fomentando la espiritualidad en los centros. Entendida como la relación con lo trascendente, la espiritualidad ayuda a encontrar sentido, elaborar proyectos de vida y crecer personalmente en cualquier etapa. La mañana concluyó con una celebración de la palabra en la que se puso el foco en el cuidado, la fragilidad -representada mediante pompas de jabón- y la ternura, en un gesto simbólico que implicó a todos los participantes.

La salud desde el acompañamiento y las relaciones

En la sesión de la tarde se abordaron cuestiones relacionadas con la salud, el dolor y el sufrimiento, así como la necesidad de devolver valor al concepto de vejez. Se destacó la importancia de ayudar a que esta etapa sea vivida de manera plena, con capacidad de aportar y generar bien.

Se tomó conciencia de que muchas personas mayores atraviesan procesos de duelo, crisis de identidad o pérdida de autonomía, y que una de las claves fundamentales es generar relaciones profundas que favorezcan el bienestar.

La ternura como eje del cuidado

La jornada siguiente se centró en la ternura, profundizando en su significado, sus implicaciones y su papel esencial en el acompañamiento. Este espacio permitió identificar herramientas prácticas que pueden aplicarse en el día a día de los centros.

Además, el saludo de las Consejeras de cada provincia y de la Visitadora de la provincia Centro contribuyó a reforzar el sentido de comunión y compromiso compartido.

Agradecimiento y compromiso

Las jornadas concluyeron con un profundo agradecimiento por el tiempo dedicado a la formación y al encuentro. El reto ahora es trasladar lo vivido a la realidad de cada residencia, integrando estos aprendizajes en el cuidado diario de las personas.